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De superheroínas en Yivi / Taller de Esthel Vogrig en Yanhuitlán

Hace tres años llegué a las bellas tierras rojas de la Mixteca de Oaxaca como parte de los maestros que participamos en los comienzos del proyecto YIVI. En aquel entonces los talleres se impartían en Nochixtlán, donde Luisa encontró un aliado en Cerformix quien nos prestaba su pequeño espacio para tener un centro de trabajo.

Era el 2015, un año que en lo personal recuerdo como un punto de quiebre marcado por sucesos que de alguna manera echaron abajo todas las escalas de valores que hasta ese momento habían motivado mis pasiones y mi manera de moverme en el mundo.

Recuerdo estar en las afueras de Nochixtlán con los niños, y sentir un momento de calma, una claridad.  Mientras pasaba el tiempo, mientras enseñaba y aprendía con ellos, bailaba, cantaba y jugaba, trabajar con el arte me hacía mucho más sentido que hacerlo dentro de los confines de un espacio cultural donde a menudo los espectadores son otros artistas o un público especializado con una mirada especializada. Creo que desde ahí comencé a pensar cómo hacerle para trabajar comenzando “desde el entre” de las cosas y las situaciones, y no aislada en un estudio para luego compartir el resultado de un proceso.

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Este año regresé al proyecto YIVI que ahora está en Yanhuitlán, un hermoso pueblo de aproximadamente 1000 personas donde, a diferencia de Nochixtlan con su Elektra y su Coppel, la sensación es de una paz y una calma que se parecen a su cielo, con sus enormes nubes tranquilas y tan cercanas que por poquito parece que se pueden tocar.

Un grupo de más o menos 14 niños lleva tres años trabajando con Luisa y otro grupo con Pedro en el taller de teatro y de pintura respectivamente. Yivi está en el medio del pueblo, y cuenta con un espacio hermoso que Luisa, Pedro, los niños y otras personas más a través de tequios fueron arreglando y rehabilitando.

En Yanhuitlán la comunidad está tan unida que no permite que su paz se vea afectada. Todos se dicen buenos días, y el extranjero se reconoce porque no saluda en la calle, los niños están tan libres que no se preocupan si se olvidan su bicicleta en el parque (sin amarrar).

Fui a proponer una actividad pedagógica que mezcla herramientas de teatro, danza y cine, para fantasear con los niños sobre tener un superpoder y descubrir con ellos qué les gustaría cambiar de su entorno más próximo.

No se trata de reproducir ni incitar la figura del héroe, sino de fabular y crear juntos pequeñas películas donde los niños se transforman y transforman. Estoy explorando cómo hacer cine o video en una manera en que el proceso de hacerlo sea tan importante come  el producto final. Como si el proceso fuera otra obra en sí. A veces una cámara se puede convertir en un instrumento de captura y de extracción, como todas aquellas películas que cuentan o representan las historias de otros reproduciendo formas que responden a valores estéticos bastante foráneos, y nunca pensando cómo el video o la película circulará entre quienes participaron en ella (extractivismo audiovisual le llamarían algunos).

Hay una idea del arte comunitario que propone la premisa de “hacer arte con otros y para los otros”, y así este proyecto de las Criaturas Fantásticas, intenta pensar un poco en hacer cine con otros y para los otros. Por un lado, estoy buscando encontrar aquellas premisas que enmarcan pero que no predeterminan, y que propongan un “juego” (en un sentido amplio) donde lo que ocurra dependa mucho de la particularidad de cada situación. Por otro, el principal público en mi imaginario de artista son los niños mismos y sus seres más cercanos, si ya luego la obra puede resultar de interés para otros, pues bienvenido sea.

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Este taller es el primero de varios que iré haciendo en los siguientes meses con otros grupos de niños, con la idea de que luego todos los grupos que encontré vean las películas que hicieron los otros, y conozcan a niños de otras partes de México o del mundo a través de ver cómo ellos jugaron con las misma premisas.

En el taller, para comenzar cada niño escoge una super capacidad (volar, transformarse en animal, planta o en elemento, transformar su cuerpo, detener el tiempo, etc.) y a partir de ahí construye su personaje: elabora una máscara y un vestuario, propone unos movimientos corporales, un sonidos y crea el nombre del personaje. Algo que intento cuidar mucho es la ecología de las imágenes que les presento a los niños, así que elaboré unas cartas a partir de recolectar dibujo de seres fantásticos de muchas culturas del mundo (parece ser que en todos los rincones del mundo en el pasado era muy normal mezclar a lo humano con lo animal, lo vegetal y demás) y también dibujos de máscaras de varias culturas. Por otro lado, les presento videos de animales que en sí me parecen  fantásticos, como el pulpo actor y mimo, que adopta las formas de otros animales, o el pulpo que es capaz de comprimirse y escabullirse por un hueco de no más de 10 centímetros, el tardigrado que es capaz de resistir las temperaturas más extremas y hasta de sobrevivir en el espacio, entre otros más.

Por último, en el taller también les expongo los principios básicos de los efectos de la imagen- movimiento, para podernos imaginar juntos cómo grabar las escenas.

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En YIVI, los niños decidieron que lo que querían hacer con sus super-capacidades era limpiar la plaza del pueblo. A mi la plaza me parecía ya muy limpia, pero bueno, justo se trata de ver qué se les ocurre a ellos. Sin duda con más tiempo y otras estrategias y propuestas, quizás la imaginación podría ir más lejos, pero el tiempo apremiaba y así grabamos sus escenas. Ya en la sala de edición (donde he de admitir que ahí las decisiones regresan a depender de mi ) monté lo que grabamos y el resultado es una breve película que se parece un poco a esas películas mudas de antaño donde pasaban muchas cosas fantásticas a través de recursos muy simples (en este caso, lo fantástico era limpiar el parque y hacer que regresaran animales y que crecieran plantas).

Una vez terminada la película, la mandé para que Luisa se las ensañara a los niños. Entre sus comentarios salió que el principio podría ser más corto (veré si lo puedo hacer más ágil), y a la pregunta de qué harían ellos diferentes si dieran este taller a otros niños, la respuesta fue que “nada” aunque alguien dijo que “todo”, y en general coincidieron que faltó más tiempo (lo mismo que sentí yo al hacerla). En este proceso de aprendizaje que estoy llevando a cabo con este proyecto, los niños de Yanhuitlán ya me enseñaron mucho.

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tres años y talleres de verano

 Estamos muy contentas por cumplir formalmente 3 años viviendo el la Mixteca Alta y porque ya se cumplieron de haber arrancado el Proyecto Yivi.
 Muchas personas forman parte de la historia del proyecto y del impulso y de los aprendizajes, a ellas: muchas gracias por confiar, apoyar, alentar, enriquecer el proyecto.
 Seguimos en pie el taller de pintura Tay Tia, coordinado por Pedro Pizarro y el de Actuación, dirigido por Luisa Pardo. Dos grupos estables de niñas y niños, en Santo Domingo Yanhuitlán.
 Tenemos un taller en el centro del pueblo, una construcción en desuso desde hacía más de 30 años que rehabilitamos, donde damos clase 3 o 4 veces a la semana, donde también se imparten talleres especiales, además de colaborar desde varios frentes con el pueblo.
 Ahora en julio tendremos dos tallercitos especiales: Esthel Vogrig vuelve a Yivi con un taller de personaje, fábula y superpoderes en video.
 Y nuestra nueva colaboradora, Sarah Vanhee, se aventurará en uno de creación escénica con ayuda de lenguajes inventados y trabajo sobre deshechos, a partir de proyectos personales como Oblivion. Estaremos trabajando con ellas entre el 3 y el 20 de julio, todo de forma gratuita para las niñas y los niños y bajo la idea de reciprocidad.
 Les dejamos el link con la edición de la película 7 mono en versión no escénica. Lo que hicimos con Gabino Rodríguez, Toztli Abril, Pedro Pizarro y Chantal Peñalosa hace dos años y que Carlos Gamboa, Esteban Azuela y Juan Leduc, apoyaron en la postproducción. 7 Mono, yya de Yanhuitlán.

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Retrospectiva 11 de mayo // ¿11 de mayo?

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El tiempo pasa.

Se construyen casas, tiembla la tierra, tomamos decisiones difíciles, se junta el agua de los arroyos.

Las niñas crecen y los niños también.

A veces estamos tristes y a veces muy llenas de alegría.

El 11 de mayo, una fecha que puede no decir nada, vamos a presentar una breve retrospectiva de lo que ha producido el taller Yivi Yanhuitlán en más de dos años de trabajo, Lo que hemos aprendido“. Y como pretexto presentaremos también dos pequeñas piezas escénicas dedicadas a las madres. La consigna para las niñas y niños fue: en dos equipos construyan una historia donde hablen de las mamás. Una salió muy cómica y la otra más tranquila. En medio de ambas obras presentaremos 8 videos hechos en el taller (completos o en fragmentos) que cuentan el devenir de este proceso de aprendizaje, 2 años y medio de acción.

La cita será el viernes 11 de mayo a las 5:30pm en el Museo Comunitario de Santo Domingo Yanhuitlán, Oaxaca. Si pueden venir, bienvenidas y bienvenidos, la entrada es gratuita, si no, les dejamos estos links Plano Secuencia7 Mono, fragmento, Chuloapan, con algo de lo que se presentará.

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2017 // ¿Nos rifamos o le digo a la regidora de educación que no damos función?

Un año veloz, un año intenso.

Lo mejor es que el grupo de niñas y niños ha crecido, ha aumentado el promedio de estatura (porque van creciendo), se han acercado niñxs nuevxs, hay ciertos rasgos de responsabilidad, cierta cohesión, cierto “estilo” de contar las cosas, nociones básicas del quehacer escénico se vislumbran ya en ellxs.

Les gusta actuar, representar, inventar historias, ponerse disfraces, hablar fuerte, darse cachetadas falsas, “desmayarse”, hablar con onomatopeias, reinventar los chismes del pueblo, reinventar los personajes que los asombran de su vida cotidiana, ponerse las capas que usan en las fiestas patrias (que son increíbles)… y eso, a mí como profa, me gusta mucho, porque he visto el proceso de apropiación, porque ese taller es de ellxs, porque lo consideran suyo, porque el espacio lo hemos construido juntxs.

Hace pocos días las autoridades del pueblo nos convocaron a participar en un evento para cerrar el año a cada uno de los talleres de arte del pueblo (danza, barro, marimba, teatro, pintura y a la banda de música). En corto empezamos a ensayar algo que iban a ser “escenas de navidad”, pero resultó que alguien propuso por ahí que se hiciera la historia de “Cuento de navidad”. Entonces, a toda velocidad (en 5 días), sin recurrir a la historia original más que por flashazos muy abtractos, hicimos la adaptación desde la escena, nada de texto. Y estábamos en llamas, y me tembló un poco el orgullo de pensar que íbamos a ser el único taller que presentaría algo semi improvisado, y me volví a dar cuenta de que el teatro es sumamente difícil y que requiere mucha disciplina y mucho temple. Pero lxs niñxs estaban bastante más confiadxs, querían más tiempo de ensayo (aunque mucho se la pasaban jugando, pues niñxs son) y trajeron, sin que lo pidiera, mucha de la poca producción que usamos. La función era en la plaza mayor del pueblo, no habíamos ensayado casi nada en ese espacio, que era abierto, enorme y ese día estaba lleno de personas. Entonces, 20 minutos antes de nuestro turno, yo les pregunté ¿qué, nos rifamos o le digo a la regidora de educación que no damos la función? – y mi pregunta era genuina y estaba llena de nervios – y uno de los niños más pequeños del grupo contestó – nos rifamos.

También tuvimos grandes acercamientos a diferentes comunidades, a diferentes realidades, a la caída de algunos prejuicios, a la apertura de horizontes, al hacer.

Hay algunas ideas que me resuenan, que quisiera investigar durante el siguiente periodo:

– Crear piezas que tengan oportunidad de presentarse más de 2 o 3 veces. Acondicionar el espacio del taller para que eso sea propicio.

– Acercar más a las madres y padres de familia, hacerlxs partícipes, colaboradorxs.

– Tocar de forma más precisa temas relevantes de la comunidad y aprovechar este espacio para generar reflexiones, ideas alternas.

– Itinerar en las comunidades vecinas con las piezas.

– Conseguir fondos para todo lo anterior.

 

Flotando a miles de kilómetros

Siempre me preguntan por qué llegué hasta aquí, por qué empecé este trabajo. Cada vez me es más difícil contestar, porque tiene relación con el instinto, con algo profundo y antiguo. Es una voluntad de encontrar algo que no encontraba en otro lado, tampoco podría nombrar qué es. Estoy lejos de mis otras casas, de mis antiguos hogares, de mi familia, de mis amigos, pero no cambiaría estas montañas ni este aire ni este proyecto por nada más, por lo menos ahora no.

El proyecto Yivi ha crecido. Seguimos trabajando con niñas y niños, en escena y con video, pintando con acuarelas, crayolas, al fresco, al temple. Observamos el entorno, lo codificamos, lo expresamos. Trabajamos con relatos, con historias del pueblo que encontramos y oímos, que nos inventamos, que conocemos, que reconstruimos. Yo trabajo mucho con las contradicciones,  y con deshacerme de algunas ideas, romanticismos, que me estorban -si me logro dar cuenta.

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También trabajamos con tierra, en la tierra y con manzanas, hortalizas y un poco de maíz -asimilando esa especie de miedo a que no llueva, ese respeto por los días de sol, de viento, de lluvia, de granizo, de heladas; todos esos días son necesarios; estamos aprendiendo del tiempo árido y cómo cuidarnos de la falta de agua.

Hay niñas y niños muy constantes, que han formado un verdadero equipo creativo, que toman decisiones y se arriesgan a inventar historias, estructurar guiones, poner en escena y actuar.

Ahora vemos llover mucho, pero hemos tenido también muchos días de sol quemante, intenso. Vemos también -y con cierta incertidumbre- el devenir político del pueblo, del estado de Oaxaca y del país. Ahora parece que estamos en una jungla peligrosa. ¿Será que estas niñas y niños practicarán el trabajo en equipo, la duda investigadora, el impulso creador – generador de proyectos, en los ámbitos sociales y políticos cuando sean adultas y adultos?

¿Qué sigue?

De entrada el proyecto Yivi está colaborando con el Geoparque Mixteca Alta, un proyecto del Instituto de Geografía de la UNAM, que involucra 9 municipios de la Mixteca, incluyendo Yanhuitlán. La idea es desarrollar talleres de teatro-video y pintura para niñas y niños con comunidades de esos 9 municipios para relacionarnos, a través del arte, con los temas del Geoparque.

 

Y también, en nuestro trabajo con niñas y niños en Yanhuitlán, queremos crear una pieza que devele ese vínculo entre las constantes fiestas patronales -que mantienen unido al pueblo, que mantienen viva la idea de comunidad, de alegría, de compartir- con la producción de basura, sobre todo con el consumo del unicel. Los desechables, por un lado una forma de liberar a las mujeres -sobre todo a las mujeres- de la labor de lavar los miles de trastes de una fiesta; los desechables, una palabra tan de hoy que termina flotando en el mar a miles de kilómetros de la fiesta del pueblo.

Una de las cosas que sí puedo nombrar, por la que estoy aquí, es…

 

Estar juntas es ser valientes.

Quiero hablar de comunidad.

Quiero hablar de mi mundo, de nuestro mundo.

El mundo que es de cada una de nosotras.
El mundo que compartimos.
El mundo que se mira de una perspectiva y el mundo que se mira de perspectivas compartidas.
El mundo común, el mundo individual, el mundo público, el mundo privado.
Generalmente hablo por nosotras, pero yo soy una. Una nada más, aunque siempre quiero compartir, quiero compartir siendo muy incapaz de tocar, de abrazar, de hacer cariños.
Miro desde mi punto de vista y soy empática a la vez, o soy conmovible, o soy compasiva.
¿Mirar desde arriba, desde abajo, del frente o desde atrás hace una diferencia?
¿Cuál posición es más válida para mirar?
¿Quién valida cuál posición es más válida para mirar?
Mirar al mundo. Mirarles a ustedes, mirarnos a nosotras, a nosotros.
A mí me gusta mirar.
Y también tengo miedo de que me miren.
Le temo al mundo, le temo al mundo cuando estoy sola.
Cuando soy yo y ellas y ellos.
Le temo al mundo.
El mundo que no soy yo, el mundo que no somos nosotras, el nosotras que no existimos.
Porque no hay nadie más alejado de un nosotras que yo.
Me gusta mucho compartir formas que me imagino que sirven para crear un nosotras, un nosotros. ¿Y yo?¿Soy parte también?¿Quién soy yo desde esta propuesta?¿Soy parte del nosotras que estamos creando desde las formas que me imaginé para hacerlo?¿O sigo siendo yo que comparte formas que se imagina para crear un nosotras…?¿Soy parte del pueblo donde vivo desde hace dos años?¿Que me digan güera, maestra, profa o licenciada me hace parte o hasta que me llamen por mi nombre?
Mi corazón es parte de mi cuerpo.
Yo no entiendo a mi corazón, lo escucho de vez en cuando.
Mis pulmones y mis riñones son parte de mi cuerpo.
Mi cuerpo es parte de mí.
Mi cerebro, mis nervios, mis uñas, mis pies,
son parte de mí, por eso los llamo míos.
O, yo soy parte de ese cuerpo. ¿Qué llegó antes, el cuerpo o yo?
¿Importa qué parte del todo llegó antes?¿La cronología nos legitima?
¿Yo, que vivo en el pueblo donde vivo soy menos del pueblo porque llegué después?
¿Qué me hace ser de donde soy?¿El tiempo?
¿De dónde soy?¿Soy de alguna parte?
Hoy quiero decir que lucho por un nosotras. Lucho. Algunas, algunos luchamos.
Es cuestión de voluntades, es trabajo.
Es cuestión de escucha y de carne, porque también existe la carne y hay que estar dispuestas a escuchar y dar la carne, arriesgar el pellejo.
Miedo es estar sola.
Estar juntas es ser valientes.
Porque ser nosotras requiere de todo: inteligencia, esfuerzo, cariño y memoria.

Luisa Pardo Urías – Yanhuitlán – Mayo 2017

7 mono, película actuada por niñas y niños del taller de teatro de Yanhuitlán.

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Cuentan que hubo una época en la que en las tierras del hoy municipio Santo Domingo Yanhuitlán, en la región mixteca oaxaqueña, habitaban muchas más personas de las que hoy habitan y que hablaban un idioma muy diferente al español, que es lo que hoy se habla. Y cuentan que antes esa misma tierra era gobernada con otro sistema de gobierno muy diferente y lo mismo cuentan de cómo las personas escribían, se casaban y de cómo era su religión.

Cuentan que Yanhuitlán se decía Yodoquehi (Yodogee) o Yodzo cahi, que significa Llano ancho o grande en la antigua lengua sa’a savi, que en náhuatl se dice mixteca.

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Cuentan que ellos escribían en pieles de venado con colores vegetales o de tierras multicolores y que su escritura no era con alfabeto como la nuestra, sino con símbolos que se cantaban. En esos escritos, que hoy llamamos códices, viene la historia de las familias de gobernantes, los iyas, de sus hazañas, sus ceremonias. Pero hoy esos códices son medio secretos, porque nadie sabe a ciencia cierta qué significan. Dicen que las personas se llamaban como el día en que habían nacido, por ejemplo, 2 caña, 3 movimiento o 7 mono.

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La región mixteca fue sometida por los mexicas, que fueron los que la llamaron mixteca en idioma náhuatl. Porque los mixtecos se llaman a sí mismos los Ñuu Savi. Los Ñuu Savi resistieron, pero finalmente fueron vencidos por los mexicas. Aunque los gobernantes eran los mismos, tenían que pagar tributo y mandar, hasta lo que hoy es la Ciudad de México (antes Tenochtitlán), pieles, semillas, plumas, esclavos y un sin fin de productos de la región.

Tiempo después, el imperio mexica fue invadido y sometido por los españoles.

Al principio los señores Ñuu Savi se pusieron contentos, pues había sido vencido su principal enemigo, pero pronto se dieron cuenta que los españoles eran más crueles y poderosos que los mexicas.

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Los españoles recorrieron e invadieron la región mixteca, había oro y había muchas personas que evangelizar, o sea, a quienes enseñar e imponer la religión católica. Se repartieron la tierra en lo que se llamaba encomienda, que quiere decir que los antiguos señoríos fueron encargados a un español que tenía que recibir los tributos y gobernar. En muchos casos aprovecharon a los antiguos gobernantes Ñuu Savi, para que fueran ellos los que mantuvieran a la gente tranquila y diera los tributos necesarios. A estos gobernantes les llamaban iyas, pero luego se les llamó caciques. Ellos heredaban el poder y todas las tierras y esclavos de sus ancestros. Pero a ellos también les impusieron la religión católica, cosa que para muchos no fue fácil aceptar: a escondidas practicaban su anterior religión, para tener buena cosecha, lluvias, para los nacimientos, los casamientos. En su religión había más de un dios, y se hacían sacrificios humanos y de otros animales, cosas que fueron llamadas “del demonio” por los españoles.

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Cuentan que así pasó en lo que hoy es Yanhuitlán y, según cuentan, hubo caciques indígenas hasta mediados del s’XIX. Un día, en el códice Yanhuitlán (del cual son las imágenes de esta entrada) algunos investigadores encontraron un personaje: 7 mono, un posible iya de Yanhuitlán que fue juzgado por la inquisición. Nosotros, en el taller de actuación de la comunidad, nos dimos a la tarea de imaginar la historia de 7 mono y organizarla en una película. Es una película muda que será sonorizada por los niños y las niñas en vivo cuando la presentemos el próximo 13 de noviembre en Yanhuitlán y el 17 y 19 en la Ciudad de México.

Las fiestas

Como parte de las actividades de las fiestas del pueblo, el proyecto Yivi hará presentaciones en Santo Domingo Yanhuitlán:

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Del 26 de mayo al 15 de julio, dentro de la exposición “Nuestra visión del cambio”,  en el Museo Comunitario, presentamos el trabajo de los alumnos del taller de pintura coordinado por Pedro Pizarro. Y, mañana 26 de mayo a las 17 hrs, igual en el Museo Comunitario, tendremos función del taller de actuación coordinado por Luisa Pardo.

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El programa de actuación:

  • Estreno “Noti Yanhui de la noche” video y teatro con los niños y niñas de Yanhuitlán
  • Estreno Los Opuestos cortometraje con niños y niñas de Cieneguilla
  • Cagua Tiempu / La Cueva del Tiempo cortometraje con niños y niñas de Nochixtlán 

 

La escuela que regresa / nuevo espacio Yivi

Ahora el Proyecto Yivi se implica en dos diferentes comunidades, una de ellas es C.

C pertenece al municipio de Y, es una pequeñísima comunidad de casas dispersas y con una escuela casi a orilla de carretera, inaugurada en 1960 por López Mateos. Es una escuela primaria de tres salones, con una muy buena cancha y buenos árboles. Me la imaginé en sus inicios, llena de niños y niñas mixtecas. Estuvo cerrada del año 2008 hasta el año 2014 por falta de alumnos. De entrada me sorprendió que una escuela inaugurada en 1960 con tres amplios salones se quedara sin niños en el 2008, bueno, en realidad sí los había, pocos, pero había. Y pensé en el intensísimo fenómeno migratorio de la región Mixteca Oaxaqueña que ha dejado a sus comunidades, sus rancherías, al filo del abandono. Esos niños a los que les cerraron la escuela de inicio eran 9, entre los 9 abarcaban los 6 grados de primaria, pero no era suficiente para que la SEP le pagara a un maestro o maestra y se mantuviera abierta la escuela. Entonces esos niños y niñas tenían que caminar a la cabecera municipal, Y, para ir a estudiar, entre semana se quedaban en el albergue, donde dormían en literas.

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Niños, niñas y jóvenes de otras comunidades que quieren estudiar se quedan ahí también. Les dan desayuno, comida y cena. Quienes se quedan en el albergue tienen que levantarse a las 5 de la mañana para barrer, limpiar los baños, hacer sus camas, ayudar a hacer el desayuno, bañarse, desayunar y alistarse para caminar tres cuadras a la escuela. Entre semana quienes se quedan en el albergue no ven a sus papás ni a su familia, hay niños y niñas desde los 5 años hasta los 19. Cuentan que muchas veces les dan soya sin guisar y no les gusta tanto.

Así la pasaban los 9 de C. Un día la maestra Catalina, que nació en C, estudió en la normal rural de T y viajó por todo el estado de escuela en escuela dando clases, decidió regresar a C y hacer las diligencias para reabrir la escuela. Tardó, pero lo logró. La escuela funciona: un salón para 11 niños y niñas de primaria y un salón para 4 niños y niñas de preescolar. El tercer salón sirve de bodega para la comunidad.

En ese salón de primaria es donde estamos tallereando Yivi todos los jueves: pintura y teatro. Les da siempre mucha alegría vernos, una alegría desbordada, linda, es algo que nunca había vivido con esa intensidad y a mí también me da mucha alegría.  En este momento estamos trabajando sobre los opuestos, hacemos ejercicios físicos, dibujos, textos, pinturas, escenas en pareja o dividiendo el grupo en dos. Cada sesión vamos complejizando la oposición, estamos buscando el drama.

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En la última improvización de opuestos que inventaron, veíamos a Hania, la más chica del grupo, interpretando a un borrego comiéndose a todos sus compañeros que “le hacían” de zacate. Fue muy fina la propuesta, desde cómo se acomodaron en el espacio hasta el tiempo que le dieron a la situación para desarrollarse.

Nos invitaron a la fiesta del pueblo y nos dimos cuenta de que, además del nivel de teatralidad que contienen las fiestas oaxaqueñas de las que habrá mucho que aprender; la escuela no es sólo la escuela, sino el espacio para celebrar el encuentro de la comunidad. Es el espacio para hacer las fiestas, las asambleas, la entrega de “apoyos gubernamentales” y sobre todo, es el espacio donde los niños y las niñas se encuentran de lunes a viernes porque sus casas están lejos unas de otras y por la tarde trabajan en la casa, en la siembra o cuidan a los animales  y no les queda tiempo para lo demás.

Mira el video de la escuela en-fiestada

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La carta en la botella. Antonio.

Antonio escoge dos libros para hacer su lectura del día, uno es un abuelo con su nieta hablando de la amistad y el otro de niños que arrojan al mar una botella con un mensaje para su tío. Automáticamente los conecta. Se le ocurre hacer esto como inicio de una cadena de amigos por botellas arrojadas al mar:

Antonio _ Yanhuitlán

Un link que nos pasó Karina Terán a propósito…